Un siglo de risa contra el miedo
Mel Brooks cumple 100 años convertido en una figura difícil de encajar en una sola etiqueta. Ha sido actor, guionista, director, productor, músico, dramaturgo y comediante; pero, sobre todo, ha sido un artesano de la irreverencia. La información difundida por EFE lo resume con una de sus ideas más citadas: la risa como protesta contra la muerte. En Brooks, esa frase no funciona como pose filosófica, sino como programa artístico. Su cine y su televisión han usado el absurdo para mirar de frente al poder, al miedo, al antisemitismo, a la vejez y a los géneros sagrados de Hollywood.
Nacido en Brooklyn el 28 de junio de 1926 como Melvin Kaminsky, Brooks creció en una familia judía y perdió a su padre siendo muy pequeño. Britannica recuerda que, antes de convertirse en director, pasó por el ejército durante la Segunda Guerra Mundial y trabajó en el circuito de entretenimiento de los Catskills, donde afinó un tipo de comicidad directa, musical y popular. Después llegó la televisión en vivo, con programas asociados a Sid Caesar y una generación de guionistas que ayudó a fijar el lenguaje de la comedia estadounidense moderna.
Su salto a la cultura de masas tuvo varias puertas. En televisión, cocreó con Buck Henry la serie Get Smart, parodia del espionaje de la Guerra Fría. En el cine, The Producers le dio el Óscar al mejor guion original y convirtió una premisa incómoda —un musical deliberadamente ofensivo sobre Hitler— en una sátira sobre el negocio del espectáculo y la capacidad del ridículo para desactivar símbolos totalitarios. Después llegaron Blazing Saddles y Young Frankenstein, ambas de 1974, dos obras que demostraron que la parodia podía ser a la vez popular, precisa y formalmente inteligente.
Brooks importa porque entendió que burlarse de un género exige conocerlo. Young Frankenstein funciona porque ama el cine clásico de monstruos tanto como lo desmonta; Spaceballs existe porque comprende la mitología de Star Wars; High Anxiety juega con Hitchcock desde la admiración y la insolencia. Esa mezcla explica su influencia posterior en Saturday Night Live, Seinfeld, Curb Your Enthusiasm y buena parte de la comedia audiovisual que usa la autoconsciencia como herramienta.
Su legado, sin embargo, no se limita a provocar carcajadas. Como productor, a través de Brooksfilms, apoyó películas dramáticas como The Elephant Man, de David Lynch, una elección que matiza la imagen del bromista perpetuo. Y su carrera en Broadway, con la adaptación musical de The Producers, le permitió completar un palmarés extraordinario: forma parte del reducido grupo de artistas con EGOT, es decir, premios Emmy, Grammy, Óscar y Tony, además de reconocimientos como los Kennedy Center Honors.
A los 100 años, Brooks representa una lección incómoda para tiempos solemnes: la comedia no es lo contrario de la seriedad, sino una manera de soportarla. Su risa no borra la historia; la desarma, la exagera y la devuelve al público con menos miedo.
Fuentes consultadas
- EFE/Yahoo Noticias: “Mel Brooks cumple 100 años: un siglo haciendo de la risa un desafío a la muerte”.
- Ficha de EFE Servicios sobre el centenario de Mel Brooks.
- Encyclopaedia Britannica: biografía de Mel Brooks.
- Kennedy Center: perfil de Mel Brooks, homenajeado en 2009.

