Jaén ya era tierra de aceite cuando Roma dominaba el Mediterráneo
La imagen contemporánea de Jaén está ligada al olivar, al aceite de oliva virgen extra y a un paisaje que forma parte de la identidad económica y familiar de miles de personas. Pero esa relación no nació ayer. El Debate ha recuperado la historia de la Villa Romana de Los Robles, un yacimiento situado en el actual barrio del Bulevar de Jaén que conserva restos de una gran instalación oleícola activa entre los siglos I y V d. C. Desde allí, hace unos 2.000 años, se producía aceite que podía incorporarse a las rutas comerciales del Imperio romano.
La importancia del enclave no reside solo en su antigüedad, sino en su escala. Las excavaciones han documentado espacios asociados a la molienda, prensado, decantación y almacenamiento del aceite. No hablamos de una explotación anecdótica, sino de una villa con una zona productiva relevante dentro del territorio de la antigua Bética, una de las grandes regiones proveedoras de aceite para Roma. La investigación académica sobre el Cortijo de Los Robles ya había señalado el valor del conjunto para entender la organización agrícola suburbana del municipio romano de Aurgi, antecedente de la actual Jaén.
El aceite bético tuvo un papel central en la vida romana. Servía para cocinar, conservar alimentos, iluminar viviendas, elaborar ungüentos y participar en prácticas rituales. Su demanda era constante, especialmente en una capital imperial que necesitaba abastecimiento regular. Para viajar, el producto se envasaba en ánforas, se transportaba por rutas terrestres y fluviales hasta puertos mediterráneos y, desde allí, llegaba a Roma.
Una de las pruebas más elocuentes de aquel comercio sigue en pie: el Monte Testaccio. El centro CEIPAC de la Universidad de Barcelona lo describe como un monte artificial romano formado por restos de millones de ánforas, muchas de ellas olearias, de las que más del 80% procedían de la Bética. Esos fragmentos no son basura muda. Sus sellos e inscripciones pintadas permiten conocer comerciantes, transportistas, controles fiscales y fechas de expedición. En cierto modo, el Testaccio es un archivo económico de cerámica.
La Villa Romana de Los Robles conecta a Jaén con esa historia mediterránea. Mucho antes de que existieran denominaciones de origen, cooperativas modernas o exportaciones globalizadas, el territorio jiennense ya participaba en una economía compleja, con técnicas agrícolas, infraestructuras de transformación y redes comerciales de largo alcance. La continuidad no debe simplificarse: el olivar actual no es una copia directa del romano, y las estructuras sociales de entonces eran profundamente distintas. Pero sí existe una raíz histórica que ayuda a entender por qué el aceite forma parte del carácter de la provincia.
El proyecto de impulsar un centro de interpretación en torno al yacimiento tiene sentido si evita convertir el pasado en un decorado. Su valor está en explicar cómo se vivía y trabajaba, qué tecnología se usaba, quién producía, quién comerciaba y qué vínculos unían una finca de Hispania con la mesa, la lámpara o el almacén de una familia romana. También puede ayudar a los vecinos a reconocer que bajo barrios modernos hay capas de memoria que merecen ser cuidadas.
Jaén suele mirar al futuro del aceite a través de la calidad, la innovación, la sostenibilidad y el mercado exterior. Los Robles añade una perspectiva más larga: esta tierra ya sabía transformar aceituna en riqueza cuando Roma ordenaba el mundo conocido. Conservar ese rincón no es nostalgia; es recordar que las raíces bien explicadas también pueden ser una forma de desarrollo.
Fuentes consultadas
- https://www.eldebate.com/espana/andalucia/20260705/rincon-jaen-desde-donde-exportaba-aceite-roma-hace-2000-anos_435205.html
- https://rio.upo.es/rest/api/core/bitstreams/2b270800-9ada-48c8-ae23-a66ba687da54/content
- https://www.ub.edu/ceipac_ub/excavaciones-espanolas-en-el-monte-testaccio-roma/

